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Crítica al Choque de Civilizaciones de Huntington – Alejandro Uribarri

Enviado por en 17 noviembre, 2010 – 0:163 Comentarios

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El choque de civilizaciones de Samuel P. Huntigton – por Alejandro Uribarri

En los últimos veinte años el mundo ha experimentado un profundo cambio en todas las facetas de su existencia. Los tiempos de un mundo bipolar, con un enemigo claramente definido, temido y fuerte han dado paso a otro mundo, que no ha marcado todavía las fronteras divisorias de forma clara, pero ya las está perfilando con éxito. El libro de Huntington nos habla de relaciones internacionales después de la caída del muro de Berlín, cuando uno de los dos grandes bloques ideológicos ha dejado de existir, creando una gran pregunta ¿Qué vendrá después? A diferencia de Fukuyama1, Huntington no cree que el liberalismo occidental triunfe a escala mundial. Sin embargo considera que las religiones y las culturas serán los protagonistas del futuro. Las civilizaciones, depositarias de estos valores, tendrán fuerzas centrípetas para reunir a su alrededor los pueblos que se relacionan con ellas. Esta autoafirmación inevitablemente creará fricciones entre los pueblos, que se notarán mucho más en los lugares donde pasan las fronteras civilizatorias. Las ideologías políticas es una creación puramente occidental, por tanto, en el nuevo mundo multipolar y multicivilizacional perderán peso a favor de las culturas.

Así el autor identifica las siguientes civilizaciones contemporáneas: china, japonesa, hindú, islámica, occidental, latinoamericana, ortodoxa y posiblemente africana. Sin embargo, señala la importante influencia que ha tenido la civilización occidental sobre el resto de culturas debido a la colonización del siglo XIX y principios de siglo XX. Esta influencia ha suscitado diferentes reacciones, desde el rechazo frontal de todo lo occidental, hasta el “kemalismo” turco. Algunas naciones como, por ejemplo, Rusia, han estado siempre en el lugar de los indecisos (países desgarrados), que en unas épocas buscaban su afirmación propia y en otras se acercaban a los ideales occidentales.
En la actualidad vivimos una reafirmación cultural muy importante. El éxito económico de los países asiáticos les ha llevado a pensar que su peculiar cultura y tradiciones son los artífices de este desarrollo, intentando menospreciar la aportación del occidente a este crecimiento. Así, dice el autor: “El incremento de poder duro, económico y militar, produce en un pueblo mayor confianza en sí mismo, altanería y creencia en la superioridad de su propia cultura… y acrecienta enormemente su atractivo para los otros pueblos”. Pero lo más interesante es que este incremento de poder se consigue a través de los mecanismos de modernización que son fruto de la civilización occidental. Esta euforia no occidental también es debida a que los procesos que, por propia evolución, se gestaron en el occidente durante siglos y son fruto de mucho trabajo y sangre, en otras sociedades han sido importados y aplicados en un espacio de tiempo relativamente pequeño, muchas veces sin estar preparadas para este nivel de evolución.Huntington subraya dos civilizaciones más propensas al conflicto con el occidente: la islámica y la china. La reafirmación asiática se basa en su crecimiento económico y la musulmana en el crecimiento demográfico. Tanto una como otra ven en el occidente y sus valores un peligro. En el mundo contemporáneo la riqueza ya no se asocia únicamente con Europa o Estado Unidos. Hong Kong, Singapur, China, Corea del Sur… todos estos países son sinónimo de éxito económico. Y China no duda en invertir una gran parte de los dólares en los programas militares de rearme para su ejército. Por otro lado, el crecimiento demográfico musulmán no es menos espectacular. Así, se pronostica que en el año 2025 los musulmanes comprenderán el 30% de la población mundial. Esto, unido a la inmigración islámica, que es altamente reacia a integrarse y respetar (o al menos tolerar) los valores del país anfitrión pueden provocar una importante desestabilización a nivel mundial, lo que a su vez puede poner en peligro la paz.
Las tesis del autor sobre el choque de civilizaciones las reafirman las propias sociedades objeto del estudio. La primera guerra de Afganistán creo la solidaridad musulmana que conocemos hoy. La reacción a la primera guerra de Irak por parte de los musulmanes ha sido de un rechazo total de una guerra contra “el islam y su civilización” por parte de “cruzados y sionistas”. Vemos que las ideas de Huntington no son nada nuevas para estos pueblos.
Este resurgir de civilizaciones también hace peligrar el avance de la democracia y los derechos humanos. En los años setenta y ochenta el mundo vivió una ola democrática importante. Posteriormente, tras la caída de la Unión Soviética también se han sumado al club democrático un número considerable de países. Estos movimientos han generado falsas expectativas de que se aproxima la era cuando todos los países sean democráticos. Sin embargo hemos visto que no es así. Los países musulmanes y China son especialmente reacios a admitir los valores occidentales de respeto a los derechos humanos. Están convencidos que la Declaración de los Derechos Humanos, editada tras la Segunda Guerra Mundial ya no es efectiva, por tanto los EEUU y Europa deben tener en cuenta los cambios de equilibrio económico y de poder.

Para hacer frente a todos estos desafíos y conservar los valores de libertad, democracia y derechos humanos, el occidente debe comprender estas nuevas tendencias de secularización mundial. Debe reconocer que fuerzas imperan en las relaciones internacionales y saber los puntos débiles y fuertes de los posibles rivales. Tiene que conocer mejor otras culturas y civilizaciones para saber oponerse al empuje y conservar los valores que tanto nos ha costado formar.

Critica al pensamiento de Huntigton

El libro de Huntington es sin duda alguna una gran obra de ciencia política en general y de relaciones internacionales en particular. La sistematización de las ideas, el apoyo en datos empíricos y razonamiento lógico dan a este libro una gran credibilidad. Por otro lado, una exagerada glorificación de Estados Unidos en algunos puntos de este libro hace difícil su compresión para las personas que no comparten la patria con el autor y suscita reacciones de rechazo de sus ideas. Pero tenemos que tener en cuenta que este libro no está escrito para que guste o no, es un estudio fundamentado que revela las tendencias actuales en un mundo sumido en cambio. El hecho de no estar de acuerdo con realidad y creer en un mundo mejor no debería llevar al lector a despreciar la simple revelación de esta realidad. El libro no procura decir si la actualidad es buena o mala, simplemente procura mostrarla.

En este sentido creo que las alternativas como la de “Dialogo de Civilizaciones” de Mohamed Jatamí, que son muchas veces interpretadas como ideas contrarias a las de Huntington, no son otra cosa que aceptación de la gran parte del libro. La propia idea del dialogo surge a partir de la aceptación de diferencias entre las civilizaciones. Si no hubiera diferencias ni hubiera civilizaciones en sentido descrito por Huntington, no sería necesario este dialogo.

Pero entonces, ¿cómo debe ser este diálogo? Como bien dice el autor en el libro, las relaciones entre los estados a nivel internacional están regidas por anarquía. No hay una fuerza de coacción universalmente aceptada que ordene las relaciones. Por tanto, para que el dialogo no se convierta en monólogo de una sola civilización, es necesario que las partes estén en iguales condiciones. Tanto la realidad que vivimos como la expuesta en el libro nos dice que el occidente pierde el poder en relación con otras civilizaciones, por tanto, la oportunidad del dialogo se aleja y se aproxima la realidad de un posible monólogo asiático o islámico. En este caso la mejor forma para favorecer el dialogo es fortalecer nuestra posición para que nuestros argumentos tengan peso. No hay nada mejor para ilustrarlo que el debate sobre el cambio climático. Vemos lo que importa a los chinos e indios el calentamiento global y la polución. La debilidad del occidente hace que todos los esfuerzos por salvar nuestro planeta producen risas en la otra parte. Como bien decían los romanos “Si vis pacem, para bellum”. Esta política ha traído desarrollo tanto social como tecnológico en los años de la guerra fría y ha mostrado ser eficaz para mantener la paz. Ahora la democracia occidental se enfrenta a desafíos parecidos, por tanto los instrumentos no tienen porque ser diferentes. Lo peor es no ver los desafíos.

Desgraciadamente hay mucha crítica a este libro pero poca con argumentación constructiva y fundamentada. Sin embargo hay muchas reacciones emocionales con clichés propios de la censura moderna de lo “políticamente correcto”. Así, uno de los artículos más famosos de la crítica es el de Fouad Ajami “The Summoning”2. El autor presenta ejemplos de varios países y con estos ejemplos puntuales intenta desmontar la teoría de Huntington. En primer lugar argumenta que los procesos de fundamentalismo no representan una resurrección religiosa sino son símbolos del debilitamiento de los valores antiguos antes de desaparecer por el avance de la economía del mercado y la democracia. Sin embargo podemos ver que no ocurre esto en la realidad. Las sociedades islámicas reafirman cada vez más el papel de la religión, las crisis financieras se traducen en pérdida de fe en valores occidentales y su desprecio. Incluso las comunidades musulmanas que deberían estar en la vanguardia de la modernización, los que viven en países democráticos occidentales, están muy lejos de aceptar su integración en la sociedad que les acoge. En referencia a la civilización confuciana, sostiene que en aquel parte del mundo lo que impera es la economía y no la política. Es posible que la actualidad en el 1993 haya sido esta, pero a diferencia de Huntington, el autor de la crítica no hacer predicción para un futuro próximo y ahora vemos que erró sus análisis. China es un país muy activo políticamente y defiende con fervor su régimen. Los escándalos relacionados con los derechos humanos, la censura y persecución de disidentes son noticias de cada día. Por otro lado, en este país asiático hay una importante promoción estatal de sentimientos nacionalistas basados en la tradición, la cultura y la peculiaridad de su civilización respecto al mundo.

Edward W Said en su artículo “The Clash of ignorance” describe a Huntigton como un demagogo al que le gusta la fácil idea de choque entre civilizaciones y que ignora otros procesos de mutuo enriquecimiento a lo largo de la historia. Pero lo cierto es que Huntigton si ha aludido todo esto, es más, el desarrollo actual y la modernización de la gran parte del mundo no occidental es fruto de este enriquecimiento. Pero como bien dice el autor, esto no condiciona que la civilización gane afecto alguno a la exportadora de los valores recibidos. Said sostiene como algo reprochable el hecho de que Huntigton en la gran parte de su libro ve el choque como “el occidente contra todos”, desde mi punto de vista es lo más natural posible para un escritor que pertenece a la civilización occidental. Observamos el mundo en su totalidad y lo entendemos desde todos los puntos de vista, pero nuestro propósito es proyectar las ideas desde la perspectiva de la utilidad y comprensión en el occidente. Al igual que un escritor islámico lo hará para la utilidad del mundo musulmán.

Amartya Sen en su libro “Identity and Violence: The Illusion of Destiny” (critica al cual próximamente podré aquí) sostiene que la identidad de la persona no se limita a la religión o cultura, sino hay multitud de aspectos por los que se identifica. La profesión, el nivel de ingresos, la nacionalidad, el lugar de nacimiento, las aficiones… como vemos hay muchas identidades dentro de la personalidad. Por tanto, sostiene Sen, analizar el mundo desde la perspectiva religiosa o cultural es limitar el alcance del resto de los factores influyentes, de este modo este tipo de análisis carece de precisión. Es difícil estar en desacuerdo con Sen en su valoración de las identidades. Pero nuestro cometido no es este, sino el de encontrar los aspectos que pueden provocar conflictos a gran escala, y en este caso tenemos que elegir, cuál de las identidades es la suficientemente predominante como para contribuir al conflicto global. Los tiempos cuando el nivel de ingresos o nivel sociocultural podían influir en conducta violenta de muchas personas ya han pasado. Igual que las ideologías, es posible que crea algún conflicto local, pero este difícilmente trascienda dimensiones de uno o dos países. La nacionalidad es una característica importante que sin duda puede generar conflictos, inclusive dentro de una civilización. Pero estos conflictos son cada vez menores. Acordemos del reciente conflicto entre Rusia y Georgia. Rusia “defendió” una región musulmana contra la ortodoxa Georgia. Georgia era un aliado importante de los EEUU en la región, promovía la democracia y denunciaba prácticas ilegales de los rusos en Abjasia y Osetia. También aspiraba a entrar en la OTAN y UE. Pero cuando Moscú vino a machacar Georgia, el escaso apoyo del occidente hizo que los rusos salieron muy fortalecidos de este conflicto. Y ahora imaginemos por un momento que los rusos hiciesen lo mismo en, digamos, Uzbekistán. El apoyo del mundo musulmán sería mucho más firme y el conflicto trascendería su dimensión regional. En Chechenia, una región rusa desde hace mucho tiempo, ha habido apoyos indirectos de grupos de Emiratos Árabes y otros países musulmanes. En un país independiente como Uzbekistán rusos encontrarían resistencia de medio mundo. Es solo un ejemplo y no puede servir de argumento, pero Huntington en su libro da más ejemplos que revelan la solidaridad intercultural. Por tanto, podemos decir que ante la variedad de identidades, unas tienen más peso que otras, y a nivel generalizado (que es necesario para poder estudiar las Ciencias Sociales) la cultura y la religión son las identidades con más poder de influencia en la conducta. Solo en el supuesto caso de un ataque extraterrestre la condición humana podría superponerse a estas dos identidades.

Francis Fukuyama, quien ha inspirado el libro de Huntigton pero con quien el autor no comparte las ideas, cree en una civilización universal al estilo occidental. Desde luego nuestros esfuerzos deben centrarse en este objetivo, pero todavía estamos lejos de conseguirlo. Y diría que estamos más lejos que hace veinte años. Pero la aparente diferencia entre estos dos escritores no es tan grande como parece a simple vista. Los dos vienen de la misma escuela y los dos ven los valores occidentales como superiores. La corriente política de Huntigton es de liberalismo conservador, a lo republicano. De allí viene este espíritu patriótico con el que escribe el autor.

Independientemente de lo extremo que puede parecer este libro y lo chauvinista que parecer el autor, hay argumentos que son difíciles de negar, sobre todo desde la altura del mundo que conocemos ahora. Yo personalmente creo que en gran medida el autor tiene razón. Los vínculos culturales y tradicionales están resurgiendo en todo el planeta. Pero creo que es un fenómeno temporal. Con el paso del tiempo la situación política en la gran parte de los países en vías de desarrollo se tenderá a estabilizarse y un desarrollo económico firme a largo plazo hará de fuerza centrípeta para los políticos de estos países. Con la desaparición de fundamentalismos el choque de civilizaciones persistirá, pero tendrá un aspecto parecido al de la guerra fría, con estados estables, desarrollados pero divergentes. No tan cerrados como entonces, dependientes unos de los otros pero con aspiraciones de control global. En este sentido el Consejo de Seguridad permanente de la ONU, con nuevos miembros, tendrá un papel muy diferente al que tiene ahora. Será un escenario de debate real y sus decisiones tendrán más peso.

Desde el punto de vista de Ciencia Política, creo que las religiones en un futuro tenderán a volver a institucionalizarse, sobre todo en el mundo no occidental. Incluso ahora podemos hablar de islam no solo como religión, sino como ideología política. Hay países donde los textos sagrados hacen de Carta Magna, entonces, ¿porque no considerar el islam junto con el comunismo y liberalismo una ideología? Al fin y al cabo, una idea filosófica en el poder ya podría ser llamada ideología…

En vista de todo esto, a diferencia de Fukuyama, no considero que nos espera un futuro aburrido, sino interesante y rico en acontecimientos.

Por: Alejandro Uribarri – Elexterior.es

Imágen: tkuneck  www.flickr.com/photos/83762626@N00/3544349903/

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3 Comentarios »

  • Man, really want to know how can you be that smart, lol…great read, thanks.

  • alhambra dice:

    Este artículo debería llamarse “Crítica a las críticas a Choque de Civilizaciones”. Hombre, está bien que estés enamorado de Huntigton pero de vez en cuando no hace mal a nadie ser un poco crítico… y no solo con las críticas. Saludos.

  • Foma Kiniaev dice:

    Hola Alhambra. Tienes razón, he dedicado mucho tiempo a los contrarios de Huntington. De hecho, tienes razón que les dedico más tiempo que al propio Huntington. Creo que es porque me ha costado refutar sus argumentos y he intentado ver como lo hacen otros. Y he visto que los otros tampoco lo hacen bien. Esto me ha llevado a pensar que parte de razón Huntington si que lleva.

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